viernes, 22 de diciembre de 2017

Trastorno de personalidad paranoide

Las personas con trastorno paranoide de la personalidad generalmente se caracterizan por tener un patrón desconfianza generalizada y suspicacia hacia los demás durante largo tiempo. Una persona con trastorno paranoide casi siempre cree que los motivos de otras personas son sospechosas o incluso malévolos.


Características de la personalidad paranoide
Los individuos con este trastorno piensan firmemente que las otras personas los quieren explotar, dañar  o engañar, incluso si no existe evidencia alguna que apoye dicha hipótesis. Si bien es bastante normal que todos tengamos un cierto grado de “paranoia” sobre ciertas situaciones en su vida (como por ejemplo la preocupación acerca de un inminente despido en el trabajo, o que tu jefe te trata peor que a otros, etc.), las personas con trastorno de personalidad paranoide llevan esto hasta un extremo, que incluye prácticamente todos los ámbitos ya sean profesionales, sociales o incluso familiares.
Es francamente difícil llevarse bien con los sujetos con trastorno paranoide de la personalidad y con frecuencia tienen problemas en sus relaciones cercanas. Su suspicacia y hostilidad excesiva la pueden expresar con numerosos argumentos, en forma de quejas recurrentes, o también con tranquila indiferencia, aunque aparentemente hostil. Debido a que son hipervigilantes, ya que están en busca de amenazas potenciales, pueden actuar de una manera excesivamente  reservada, se autoprotegen y parecen ser personas “frías” y carentes de sentimientos. A menudo pueden parecer que son enormemente objetivos, racionales y no emocionales, pues suelen mostrar poco afecto, con expresiones hostiles, obstinación y sarcasmo. Su carácter combativo y sospechoso puede provocar una respuesta hostil en otros, que, paradójicamente, luego sirve para confirmar sus expectativas originales.
Dado que los individuos con trastorno paranoide de la personalidad carecen de confianza en los demás, tienen una excesiva necesidad de ser autosuficientes y un fuerte sentido de la autonomía. También necesitan tener un alto grado de control sobre los que les rodean. A menudo son rígidos, críticos de los demás y son incapaces de colaborar, además tienen grandes dificultades para aceptar cualquier tipo de crítica.
Este desagradable trastorno por lo general conduce a la angustia, el deterioro social, laboral y de otras áreas de funcionamiento que quienes lo padecen. El patrón de personalidad de estos sujetos es estable y de larga duración, y su inicio se remonta a la edad adulta temprana o la adolescencia.


Los síntomas del trastorno de personalidad paranoide

El trastorno de personalidad paranoide se caracteriza, como ya hemos visto, por una desconfianza generalizada y la suspicacia hacia los demás, de tal manera que sus motivos se interpretan como malévolos. Esto se presenta en una variedad de contextos, que deben incluir cuatro (o más) de los siguientes:
  1. Desconfianza y suspicacia general desde el inicio de la edad adulta, de forma que las intenciones de los demás son interpretadas como maliciosas, que aparecen en diversos contextos, como lo indican cuatro (o más) de los siguientes puntos:
  2. Sospecha, sin base suficiente, que los demás se van a aprovechar de ellos, les van a hacer daño o les van a engañar
  3. Preocupación por dudas no justificadas acerca de la lealtad o la fidelidad de los amigos y socios
  4. Reticencia a confiar en los demás por temor injustificado a que la información que compartan vaya a ser utilizada en su contra
  5. En las observaciones o los hechos más inocentes vislumbra significados ocultos que son degradantes o amenazadores
  6. Alberga rencores durante mucho tiempo, por ejemplo, no olvida los insultos, injurias o desprecios
  7. Percibe ataques a su persona o a su reputación que no son aparentes para los demás y está predispuesto a reaccionar con ira o a contraatacar
  8. Sospecha repetida e injustificadamente que su cónyuge o su pareja le es infiel
  9. Estas características no aparecen exclusivamente en el transcurso de una esquizofrenia, un trastorno del estado de ánimo con síntomas psicóticos u otro trastorno psicótico y no son debidas a los efectos fisiológicos directos de una enfermedad médica.
El trastorno de personalidad paranoide generalmente no se diagnostica cuando ya se ha diagnosticado en el sujeto previamente otro trastorno psicótico, como la esquizofrenia o un trastorno bipolar o depresión con características psicóticas.
Debido a los trastornos de personalidad suelen tener una larga duración y patrones estables de comportamiento a lo largo del tiempo, se les diagnostica con mayor frecuencia en la edad adulta. Es raro que se diagnostiquen en la infancia o en la adolescencia, ya que un niño o adolescente está en constante desarrollo, cambios en la personalidad y la maduración. Sin embargo, si se diagnostica en un niño o adolescente, las características deben haber estado presentes durante al menos 1 año.
El trastorno de personalidad paranoide es más frecuente en hombres que en mujeres, y se produce en algún lugar entre 2,3 y 4,4 por ciento en la población general.


Las causas del trastorno paranoide de la personalidad

En realidad todavía no se sabe qué causa el trastorno paranoide de la personalidad. Hay muchas teorías sobre las posibles causas del trastorno de personalidad paranoide. La mayoría de los profesionales coinciden en un modelo biopsicosocial de la causalidad, es decir, las causas de son probablemente debido a factores biológicos y genéticos, factores sociales (por ejemplo, cómo una persona interactúa en su desarrollo temprano con su familia y amigos y otros niños), y psicológicos (la personalidad y el temperamento del individuo, moldeadas por su entorno y aprendieron habilidades para lidiar con el estrés de afrontamiento). Esto sugiere que ningún factor es responsable, más bien, es la naturaleza compleja y probablemente entrelazadas de los tres factores que son importantes. Si una persona tiene este trastorno de la personalidad, la investigación sugiere que hay un ligero aumento del riesgo para este trastorno que se transmita a sus descendientes.

Tratamiento del trastorno paranoide de la personalidad


Tratamiento del trastorno paranoide de la personalidad suele implicar la psicoterapia a largo plazo con un terapeuta que tenga experiencia en el tratamiento de este tipo de trastorno de la personalidad. Los medicamentos también se pueden prescribir para ayudar con los síntomas preocupantes y debilitantes específicas.




Psicoterapia
Al igual que con la mayoría de los trastornos de la personalidad, la psicoterapia es el principal tratamiento de elección. Los individuos con trastorno paranoide de la personalidad, sin embargo, rara vez se presentan para el tratamiento. Esto no nos debe sorprender, pues creen que ellos no tienen problema alguno, sino que son los demás los que conspiran en su contra.
La terapia que hace hincapié en un enfoque simple de apoyo, centrada en el cliente, ya que es lo mejor para que el paciente tome confianza, aunque es algo bastante difícil de conseguir. La finalización anticipada en estos pacientes, por lo tanto, es común. A medida que la terapia avanza, probablemente empiece a confiar más. Es entonces cuando comienza a revelar algunas de sus ideaciones paranoides más extrañas. El terapeuta debe tener mucho cuidado en encontrar el equilibrio entre ser objetivo con la terapia y respetar estos pensamientos del sujeto, para no levantar las sospechas y que vuelva a desconfiar. Es un equilibrio difícil de mantener, incluso después de que una buena relación de trabajo ha sido establecida.
Todos los médicos y personal de salud mental que están en contacto con alguien que sufre el trastorno paranoide de la personalidad, deben ser muy conscientes de su trato con este individuo. Las bromas sutiles y las alusiones a la información sobre el paciente, elevará una gran cantidad de sospechas. Un enfoque concreto y honesto, probablemente ganará los mejores resultados, centrándose en las dificultades actuales de la vida que ha llevado al cliente en la terapia en este momento. No es aconsejable preguntar demasiado profundamente sobre la vida o la historia del sujeto, a menos que sea directamente relevante para el tratamiento clínico.
El pronóstico a largo plazo para este trastorno no suele ser bueno. Las personas que sufren de este trastorno a menudo siguen afectados con síntomas a lo largo de su vida. No es raro ver a esas personas en programas de tratamiento de día u hospitales estatales. Otras modalidades, como terapia de familia o de grupo, no se recomiendan.

Farmacológico

Los medicamentos son generalmente contraindicados para este trastorno, ya que pueden despertar sospechas innecesarias que normalmente se traducirá en incumplimiento del tratamiento y el abandono. Los medicamentos que se prescriben para condiciones específicas se deben hacer para períodos de tiempo lo más breves posible.
Una medicación ansiolítica, como el diazepam, puede ser apropiada para prescribir si el cliente sufre de ansiedad severa o agitación, la cual comienza a interferir con el funcionamiento normal diario. Una medicación antipsicótica, tales como tioridazina o haloperidol, puede ser apropiado si un paciente se descompensa con agitación severa o pensamiento psicótico, que puede resultar dañino para él mismo o para otros.

Esfuerzo personal

Como es lógico, no hay grupos de apoyo de autoayuda o comunidades para alguien que sufre de este trastorno. Tales enfoques probablemente no serían muy eficaces porque una persona con este trastorno es probable que sea desconfiada y suspicaz de los demás (aunque padezcan la misma sintomatología) y sus motivaciones. Por este motivo el esfuerzo de superación debe salir de la propia persona.

Fuente.-   PsicoActiva.com

AGRADECIMIENTOS.

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sábado, 9 de diciembre de 2017

Diferencias entre las emociones y los sentimientos



Cuando hablamos de emoción y sentimiento, pareciera que estas dos palabras podrían ser similares en cuanto a significado, sin embargo, existe una diferencia que muchos autores han explicado, motivo por el cual, a continuación te explico la diferencia dada  a cada concepto y las diferencias que tienen:



EMOCIÓN

Se puede definir con una reacción psicofisiológica que representan modos de adaptación a ciertos estímulos del individuo cuando se percibe por ejemplo, un objeto, un lugar, un suceso o algún recuerdo importante.
Las emociones organizan rápidamente las respuestas de distintos sistemas biológicos, como por ejemplo las expresiones faciales, los músculos, la voz, la actividad del sistema nervioso y la del sistema endocrino, con el objetivo de que la reacción sea la mas optima a la vivencia de ese momento.
De hecho los sentimientos son el resultado de las emociones ya que las emociones son causadas por la liberación de neurotransmisores y hormonas, que sirven para establecer una adecuada posición con referencia al entorno y que nos impulsan o alejan de ciertas circunstancia. Dado lo anterior, existen 6 emociones básicas que son la Alegría, la Ira, la Tristeza, el Miedo, el Asco o Desagrado y la Sorpresa, mismas que posteriormente se convierten en un sentimiento.




SENTIMIENTO

El sentimiento se refiere a un estado de ánimo, mismo que puede ser expresado verbalmente, y este surge a partir de una emoción. En otras palabras, los sentimientos son emociones conceptualizadas que determinan el estado de ánimo, y estos se clasifican en positivos o negativos.
Existe una peculiaridad en los sentimientos, y es que estos son consientes ya que no podemos predecir las cosas que nos gustan o no nos gustan si no las conocemos, pero si sabemos que nos gusta aunque no lo tengamos en el momento o que no nos gusta y sentir aun así el desagrado.
Algunos ejemplos de sentimientos son el Amor, el Dolor, el Odio, el Rencor, la Compasión,tomando en cuenta que este también depende de factores externos o la interpretación de cada persona que da a las emociones para convertirlo en sentimiento.




DIFERENCIAS ENTRE EMOCIÓN Y SENTIMIENTO

·       El sentimiento se expresa verbalmente y la emoción solo es una expresión neurofisiológica
·       En los sentimientos interviene la conciencia, y la emoción es de manera inconsciente.
·       EL sentimiento es la interpretación de las emociones dadas, y la emoción es una reacción psicofisiológica que ocurre de manera automática y espontánea.
·       El sentimiento al ser consiente se puede manejar o gestionar y la emoción no.
·       La emoción tiene una duración muy corta y en ocasiones momentánea, sin embargo la emoción durara tanto como uno quiera.
·       La emoción siempre se da antes que un sentimiento, de hecho para que exista el sentimiento, es necesario una emoción.
·       La emoción tiene una intensidad mayor a los sentimientos, ya que en los sentimientos la intensidad puede varear.




Ambos son inseparables

Y aquí viene una aparente paradoja: aunque los conceptos de sentimiento y emoción se refieren a cosas diferentes, a la práctica allí donde hay una emoción hay siempre un sentimiento (o varios). Los dos se presentan a la vez, y las palabras que utilizamos para separados conceptualmente solo existen en la teoría para permitirnos entender de un modo más preciso acerca de qué parte de la experiencia consciente estamos describiendo.
Del mismo modo en el que allí donde hay unos genes hay un entorno que influye en el modo en el que estos se expresan, emoción y sentimientos no pueden presentarse por separado (en el ser humano consciente y sano) y por consiguiente se solaparán. La distinción entre ambos es más virtual y teórica que material.
Es por eso que la diferencia entre sentimiento y emoción solo se utiliza porque resulta útil en ciertos casos y porque cada una de ellas podría explicar diferentes procesos neurológicos que funcionan en paralelo, no porque efectivamente podamos aislar un sentimiento y separarlo de la emoción con la que se presenta. En psicología y neurociencias, para bien y para mal, las cosas no resultan tan sencillas.



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sábado, 25 de noviembre de 2017

¿Qué es la fobia social?



Presencia de un miedo intenso y duradero ante situaciones en las que el paciente se expone a la observación o el escrutinio de otras personas y experimenta el temor de hacer algo o comportarse de manera que pueda resultarle humillante o embarazosa.
Las personas afectadas de fobia social se caracterizan por:
ü    Una tendencia a temer y evitar toda una variedad de situaciones que encierran cualquier posibilidad de examen, análisis o evaluación por parte de los demás.

ü    Una predisposición a protegerse evitando afrontar las situaciones en que se sienten mal, o, una vez en ellas, activando mecanismos defensivos destinados a que los demás no perciban lo que está sucediendo.




ANSIEDAD ANTICIPATORIA
Una importante peculiaridad de la fobia social es la intensa ansiedad antes de que ocurran las situaciones temidas.

IMPORTANCIA CLÍNICA
El 4,5% de la población adulta sufre Fobia Social.
ü  Origen: Etapa adolescente o preadolescente.
La consideración clínica de la fobia social está en relación con el grado de interferencia en la vida diaria de la persona, con su funcionamiento laboral o emocional. 

TIPOS DE FOBIA SOCIAL
ü  Generalizada:
Los miedos se experimentan en la mayoría de las relaciones sociales o de las situaciones que comportan una cierta interacción con personas.
ü  Específica:
Los estados de ansiedad sólo se dan en unas determinadas situaciones sociales (al hablar en público o el temor a ser observado mientras se come)




SITUACIONES TEMIDAS
·       INTERVENCIÓN PÚBLICA
o   Dar una charla
o   Actuar en público
·       INTERACCIÓN ASERTIVA
o   Solicitar a otros que cambien un comportamiento molesto
o   Hacer una reclamación
o   Devolver un producto
o   Hacer o rechazar peticiones
o   Expresar un desacuerdo, crítica o disgusto
o   Mantener las propias opiniones
·       INTERACCIÓN INFORMAL
o   Iniciar y mantener conversaciones ( especialmente con desconocidos)
o   Hablar de temas personales
o   Hacer cumplidos
o   Relacionarse con el sexo opuesto
o   Concertar citas o acudir a las mismas
o   Establecer relaciones íntimas
o   Asistir a fiestas
o   Conocer a gente nueva
o   Llamar a alguien por teléfono
o   Recibir críticas

·       SER OBSERVADO
o   Comer, beber, escribir o trabajar delante de otros
o   Asistir a clases de danza o gimnasia
o   Usar los lavabos públicos



¿CUALES SON LAS CAUSAS?
     Las razones de por qué algunas personas experimentan ansiedad en presencia de otras no siempre están claras. En general, están presentes uno o varios de los siguientes factores:
  • Déficit de habilidades sociales. Las personas no nacemos siendo socialmente torpes o muy habilidosas. Los comportamientos sociales se aprenden sobre todo por observación. La presencia de modelos parentales, o de otras personas importantes para nosotros, que promuevan conductas de ansiedad social o no refuerzen conductas socialmente positivas se relaciona con este problema.
  • Ansiedad social condicionada. A veces, la persona tiene habilidades sociales normales pero ha aprendido a sentir ansiedad en situaciones sociales debido a experiencias negativas (p ej., acoso escolar de los compañeros, ridiculización por parte de un profesor, etc.). En estos casos, la ansiedad inhibe la puesta en marcha de las conductas socialmente adecuadas.
  • Pensamientos sociales negativos. En otros casos, no se recuerdan experiencias traumáticas de índole social pero la persona ha desarrollado por sus características o experiencias vitales una serie de expectativas negativas que obstaculizan que haga un buen papel en situaciones sociales (p. ej., piensa que no tiene nada que ofrecer a los demás, que los demás son hostiles o dominantes, que se va a poner nervioso y todo el mundo se va a dar cuenta, etc.).


En conjunto, suele ocurrir que una persona con cierta vulnerabilidad (p.ej., por haber sido educada con modelos inhibidos, tener limitaciones personales como problemas de lenguaje, aprendizaje, etc., haber vivido experiencias negativas…) siente mucha ansiedad ante situaciones sociales y en un determinado momento descubre que evitando estas situaciones su ansiedad se reduce (este proceso se llama refuerzo negativo). Evitar situaciones sociales perpetua el problema, al impedir a la persona ejercitarse en situaciones sociales y descubrir que los demás no son una amenaza.



TÉCNICAS APLICADAS EN EL TRATAMIENTO 

  • Exposición en vivo y en la imaginación
  • Entrenamiento en habilidades sociales
  • Relajación aplicable en situaciones sociales
  • Reestructuración cognitiva
  • Método EMDR
  • Hipnosis Clínica
  • Entre otros ……
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domingo, 12 de noviembre de 2017

Trastorno de la personalidad dependiente.

Qué es el trastorno de la personalidad dependiente

Las personalidades dependientes subordinan sus propias necesidades a las de los demás. Dejan que los demás asuman las responsabilidades en las principales áreas de su vida. Su autoestima depende del apoyo y empuje de los demás. Incapacidad para estar solos, dependencia casi asfixiante sobre los demás, inseguridad, nula responsabilidad personal, temor obsesivo a ser abandonados.

Las anteriores son características principales y comunes a todas las personas con estos trastornos pero hay más:

·       Tiene dificultades para tomar las decisiones sin un excesivo aconsejamiento y reafirmación por parte de los demás.
·       Necesidad de que otros asuman la responsabilidad en las áreas fundamentales de su vida.
·       Tiene dificultades para expresar desacuerdo debido al temor a la pérdida de apoyo o aprobación.
·       Tiene dificultades para iniciar proyectos o para hacer las cosas a su manera.
·       Va demasiado lejos llevado por su deseo de lograr protección y apoyo de los demás.
·       Se siente incómodo o desamparado cuando está solo debido a sus temores exagerados.
·       Cuando termina una relación importante, busca urgentemente otra relación.
·       Está preocupado por el miedo al abandono y que tenga que cuidar de sí mismo.


Trastorno de personalidad dependiente o la fragilidad del “yo”

 

Entre los 10 tipos de trastornos de la personalidad recogidos en el DSM-V (Manual diagnóstico y estadístico de los trastornos mentales), el trastorno de personalidad más habitual es el trastorno dependiente. Estamos ante un cuadro clínico que se caracteriza, en esencia, por la falta notable de confianza en uno mismo y en la necesidad constante de recibir consuelo, seguridad y apoyo. Suele dar las primeras pistas en la adolescencia, sin embargo la sintomatología es más extrema y observable llegados los 40 años.

Por otro lado, tal y como hemos sugerido al inicio, es muy común que las personas que padecen el trastorno de personalidad dependiente rara vez sean conscientes de que lo que están sufriendo es una enfermedad. Solo cuando llegan al límite, cuando ven que no tienen control alguno de su realidad y de sí mismos, piden ayuda





¿Cuáles son las causas y cómo se diagnostica? ¿A quién suele afectar?


A día de hoy se desconoce qué causa este trastorno. Tenemos claro, por ejemplo, que aparece en la edad adulta y que algunos pacientes experimentaron en su infancia o adolescencia un trastorno de ansiedad asociado a la separación física de sus progenitores. Aunque cabe señalar, que este hecho no siempre es determinante.

Por otro lado, la prevalencia estimada de esta enfermedad en la población general es del dos por ciento (aunque se sabe que son muchas las personas que no siempre llegan a recibir el diagnóstico). Asimismo, es más común en mujeres que en hombres. Si nos preguntamos ahora cómo se lleva a cabo este diagnóstico, es importante destacar aquí la labor de los médicos de atención primaria. Ellos son casi siempre el primer filtro, el primer paso, y ellos quienes deben derivar a estos pacientes a profesionales especializados.

Hay una serie de factores que pueden contribuir a que desarrolles este trastorno.

·       Factores genéticos. Si alguien de tu familia ha tenido un trastorno parecido, ahí podría estar el origen.
·       Factores psicobiológicos. Existe un desequilibrio neurológico entre los sistemas límbico y reticular.
·       Factores psicosociales. Las personas dependientes buscan obtener relaciones protectoras. Tuvieron padres autoritarios y sobreprotectores.



Tratamiento para la personalidad dependiente

 


Como siempre ocurre en cualquier trastorno, cada paciente es único. En ocasiones, pueden existir más complicaciones, como depresiones, trastornos de ansiedad, trastorno de la personalidad por evitación, etc, que intensifican aún más el cuadro clínico a abordar.

Sin embargo, cabe recordar aquí que la combinación de la psicoterapia con un tratamiento farmacológico es efectiva en gran parte de los casos. La terapia cognitivo-conductual, por ejemplo, centrada en los patrones de pensamiento, en las creencias o en esa incapacidad para tomar decisiones es la que más éxitos suele atesorar.

No podemos olvidar tampoco que son tratamientos a largo plazo, enfoques que suelen combinarse cuidadosamente con antidepresivos o sedantes, ahí donde ir valorando regularmente la mejoría. Asimismo, y para terminar, no podemos olvidar tampoco el apoyo familiar y social del paciente. Ese entorno cercano es el tercer pilar en todo tratamiento, ahí donde el propio protagonista debe aunar esfuerzos continuos, compromiso y una clara voluntad por mejorar, por luchar por esa adecuada calidad de vida.

La terapia psicológica te ayudará a confiar más en ti mismo, en lo que puedes hacer, en tomar decisiones valientes, sin depender tanto de los demás.

Las herramientas con las que trabajamos nos permiten realizar un trabajo que permite cambios a nivel consciente e inconsciente.

Exploramos las causas que han intervenido en la aparición de la personalidad dependiente, accediendo a las emociones grabadas en tu cerebro a causa de experiencias anteriores.

Para ello y según el caso concreto, utilizaremos una o varias de las siguientes técnicas:

·       Técnicas cognitivo-conductuales
·       Hipnosis clínica
·       EMDR
·       Relajación

Todas ellas son vanguardistas y forman parte de lo que llamamos psicoterapia breve.



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