viernes, 3 de julio de 2015

Sindrome vacacional y post-vacacional

Con la llegada del verano, llega el calor, se abren las piscinas, nos apetece más estar en la calle disfrutando del sol en compañía de los amigos.... y también llegan las ansiadas vacaciones.

Las vacaciones generalmente representan un momento importante y esperado de nuestras vidas, dado que solemos reflejar en ellas una serie muy diversa de expectativas, tal como realizar ese maravilloso viaje que a veces llevamos meses planeando, pasar mas tiempo con los seres queridos y poder realizar con ellos las actividades que la cotidianeidad nos roba.
A su vez el periodo vacacional supone un periodo de calma y sosiego, donde es la propia persona la que marca sus ritmos, ajena a la presión diaria de la rutina laboral, y tiene la posibilidad desde realizar aquellas tareas que por falta de tiempo ha ido postergando hasta simplemente disfrutar de la pereza.

Sin embargo, para muchas personas también supone ciertos quebraderos de cabeza, al modificarse sustancialmente su status quo, por ejemplo, con el fin del curso escolar y la presencia de los niños todo el día en la casa y la necesidad de su cuidado y atención.


Este paro en la rutina escolar marca un cambio en la dinámica de toda la familia, en algunos casos se debe pedir colaboración de familiares para que puedan hacerse cargo de los pequeños, debido a la dificultad actual de las familias para conciliar vida laboral y familiar. Otras familias optan por apuntar a los hijos a actividades de verano, desde cursos hasta campamentos, donde se mantienen ocupados y pueden socializar y disfrutar con otras personas de su misma edad, para lo cual hay que tener en cuenta las inquietudes y apetencias de los pequeños, escucharles activamente a fin de no imponerles actividades que pudieran no desear.

Pero si bien las vacaciones son el objeto de deseo de casi todos, también por si mismas son un componente generador de estrés y ansiedad, provocando discusiones entre las parejas, sobre los destinos y las maneras de realizar las vacaciones, ya sea por el alojamiento, el presupuesto a invertir, los días, las actividades, el equipaje…

Finalmente, llega el día ansiado, y nuevamente el estrés se dispara gracias al momento del desplazamiento, donde el nerviosismo y la irritabilidad son la norma, dado que no se quiere perder el avión, se desea evitar el atasco, se sufre el agotamiento de viajes largos, tanto física como mentalmente.

Para evitar todos estos problemas debemos escuchar los deseos y opciones de todos los implicados, sea familia o grupo de amigos, llegando a consensos que sean del agrado común, tratar de tener una planificación previa de las cosas importantes, como billetes de avión o tren, cuidado de los niños, etc. de manera que estas cosas no supongan un peso e incertidumbre constantes durante el viaje y eviten posteriores confrontaciones.

Y para los conductores la recomendación es tranquilidad y descansos durante el viaje, disfrutar del mismo, verlo como parte de las vacaciones y no como un trámite penoso.

Pero sea como sea, finalmente llega la vuelta al trabajo, y con ello el periodo conocido como “síndrome post vacacional”, síndrome que viene a durar unas dos semanas a lo sumo, en el que nuestro cuerpo y mente tiene que volver a adaptarse a las exigencias del trabajo.

Sus síntomas son bien conocidos por todos: Depresión, irritabilidad, apatía, tristeza, dolores musculares, insomnio, ansiedad, falta de concentración, melancolía... Todo esto generado por el cambio de patrones de conducta durante las vacaciones, puesto que cambiamos hábitos de sueño, tendemos a dormir más, nos acostamos y levantamos también más tarde, los patrones de alimentación cambian, no estamos presionados por el reloj y realizamos las actividades más relajadamente.

Para tener una aceptable vuelta al trabajo y no padecer un acusado síndrome post-vacacional, es recomendable:
  • Unos días antes de que se produzca la vuelta al trabajo ir ajustando los patrones de sueño y alimentación a los habituales durante la jornada laboral.
  • Hacer coincidir la vuelta con un día a media semana, así nos adaptaremos y tendremos tiempo para descansar en el fin de semana.
  • Mantener una actitud positiva, pensando que la vuelta al trabajo es un reencuentro con nuestras costumbres y con nuestra normalidad.
  • No mortificarnos con que queda todo un año para las próximas vacaciones.
  • Darnos tiempo para estar óptimos en nuestras tareas, es normal no estar centrado los primeros días de trabajo, por lo que no debemos culparnos por cometer errores.
  • Disfrutar del tiempo de ocio.
Ver ......   https://youtu.be/8v3kxQDzoas



Felices vacaciones a todos!!!


miércoles, 17 de junio de 2015

Pirámide de Maslow: la jerarquía de las necesidades humanas

La Pirámide de Maslow
La Pirámide de Maslow es una teoría psicológica que inquiere acerca de la motivación humana. SegúnAbraham Maslow, un psicólogo humanista, nuestras acciones están motivadas para cubrir ciertas necesidades. Es decir, que existe una jerarquía de las necesidades humanas, y defiende que conforme se satisfacen las necesidades más básicas, los seres humanos desarrollamos necesidades y deseos más elevados. Maslow introdujo por primera vez el concepto de la Piramide de Maslow en su artículo “A Theory of Human Motivation” en 1943 y en su libro “Motivation and Personality”.
Mientras algunas escuelas existentes en esa época (el psicoanálisis o el conductismo) se centraban en conductas problemáticas y en el aprendizaje desde un ser pasivo, Maslow estaba más preocupado en aprender sobre qué hace a la gente más feliz y lo que se puede hacer para mejorar el desarrollo personaly la autorrealización. Como humanista, su idea es que las personas tienen un deseo innato para autorrealizarse, para ser lo que quieran ser. Para aspirar a las metas de autorrealización, antes han de cubrirse las necesidades anteriores como la alimentación, la seguridad, etc. Por ejemplo, solo nos preocupamos de temas relacionados con la autorrealización si estamos seguros que tenemos un trabajo estable, comida asegurada y unas amistades que nos aceptan.
En la Piramide de Maslow, desde las necesidades más básicas hasta las necesidades más complejas, esta jerarquía está compuesta por cinco niveles. Las necesidades básicas se ubican en la base de la pirámide, mientras que las necesidades más complejas se encuentran en la parte alta. Las cinco categorías de necesidades de la Piramide de Maslow son: fisiológicas, de seguridad, de afiliación, de reconocimiento y deautorrealización; siendo las necesidades fisiológicas las de más bajo nivel, y subiendo niveles en el orden indicado.
Tipos de necesidades
Maslow habla en la Pirámide de Maslow sobre las necesidades instintivas y hace una distinción entre necesidades “deficitarias” (fisiológicas, de seguridad, de afiliación, de reconocimiento) y de “desarrollo del ser” (autorrealización). La diferencia existente entre una y otra se debe a que las “deficitarias” se refieren a una carencia, mientras que las de “desarrollo del ser” hacen referencia al quehacer del individuo. Satisfacer las necesidades deficitarias es importante para evitar consecuencias o sentimientos displacenteros. Las necesidades del “desarrollo del ser” son importantes para el crecimiento personal, y no tienen que ver con el déficit de algo, sino con el deseo de crecer como persona.
La Piramide de Maslow tiene 5 niveles de necesidades:
1. Necesidades fisiológicas
Incluyen las necesidades vitales para la supervivencia y son de orden biológico. Dentro de este grupo, encontramos necesidades como: necesidad de respirar, de beber agua, de dormir, de comer, de sexo, de refugio. Maslow piensa que estas necesidades son las más básicas en la jerarquía, ya que las demás necesidades son secundarias hasta que no se hayan cubierto las de este nivel.
2. Necesidades de seguridad
Las necesidades de seguridad son necesarias para vivir, pero están a un nivel diferente que las necesidades fisiológicas. Es decir, hasta que las primeras no se satisfacen, no surge un segundo eslabón de necesidades que se orienta a la seguridad personal, al orden, la estabilidad y la protección. Aquí se encuentran: la seguridad física, de empleo, de ingresos y recursos, familiar, de salud, etc.
3. Necesidades de afiliación
Maslow describe estás necesidades como menos básicas, y tienen sentido cuando las necesidades anteriores están satisfechas. Ejemplos de estas necesidades son: el amor, el afecto y la pertenencia o afiliación a un cierto grupo social y buscan superar los sentimientos de soledad. Estas necesidades se presentan continuamente en la vida diaria, cuando el ser humano muestra deseos de casarse, de tener una familia, de ser parte de una comunidad, ser miembro de una iglesia o asistir a un club social.
4. Necesidades de reconocimiento
Tras cubrir las necesidades de los tres primeros niveles de la Pirámide de Maslow, aparecen las necesidades de reconocimiento como la autoestima, el reconocimiento hacia la propia persona, el logro particular y el respeto hacia los demás; al satisfacer dichas necesidades, la persona se siente segura de sí misma y piensa que es valiosa dentro de la sociedad; cuando estas necesidades no son satisfechas, las personas se sienten inferiores y sin valor.
Según Maslow existen dos necesidades de reconocimiento: una inferior, que incluye el respeto de los demás, la necesidad de estatus, fama, gloria, reconocimiento, atención, reputación, y dignidad; y otrasuperior, que determina la necesidad de respeto de sí mismo, incluyendo sentimientos como autoconfianza, competencia, logro, independencia y libertad.
5. Necesidades de autorrealización
Por último, en el nivel más alto se encuentran las necesidades de autorrealización y el desarrollo de las necesidades internas, el desarrollo espiritual, moral, la búsqueda de una misión en la vida, la ayuda desinteresada hacia los demás, etc.

“Psicólogo Getafe AlfaCrisol”
(Centro Sanitario Autorizado por la Comunidad de Madrid nº CS11889)



viernes, 12 de junio de 2015

Camino de Santiago 2015: Frases y fotos

Me quedan pocos días para iniciar mi “Camino de Santiago 2015”
Os dejo unas frases y unas imágenes.
Todas ellas son metáforas que relacionan el camino con nuestras vidas.


Espero que os guste, Hasta la vuelta …….








“Psicólogo Getafe AlfaCrisol”
(Centro Sanitario Autorizado por la Comunidad de Madrid nº CS11889)





domingo, 7 de junio de 2015

La causa de nuestro malestar



Cuando las cosas van mal, es fácil sentirse abatido, frustrado, deprimido o resentido con el mundo ……

Cómo nos sentimos con nosotros mismos determina en gran medida nuestra capacidad para recuperarnos de estos golpes, y esto a su vez influye en nuestro comportamiento y en nuestras decisiones.

Solemos creer que cómo nos sentimos es consecuencia de las cosas que no pasan cada día. Pero, la clave de cómo nos sentimos está en el pensamiento.

Vivimos una situación, acontecimiento o hecho. Y a raíz de eso tenemos una serie de pensamientos.

Estos pensamientos, a su vez, generan unos sentimientos o emociones: tristeza, enfado… etc. Y en virtud de cómo nos sentimos, así nos comportamos.

Los sentimientos o emociones no son producto de las situaciones, acontecimientos o hechos, sino de los pensamientos que tenemos a cerca de ellos. Es decir, entre la situación y lo que sentimos está de por medio la interpretación que hacemos de ese acontecimiento.


Si piensas de una determinada manera, así sientes y así actúas. Entonces, si pensamos de otra manera, nuestras emociones cambiarán y con ellas nuestro comportamiento. Lo importante es la actitud con la que nos tomamos la vida y las cosas que nos suceden. No es fácil interpretar las cosas de manera positiva, pues acostumbramos a hacer todo lo contrario, pero nunca es tarde para comenzar, ¿te animas?
“Psicólogo Getafe AlfaCrisol”
(Centro Sanitario Autorizado por la Comunidad de Madrid nº CS11889)


“No nos hacen sufrir los acontecimientos, sino lo que de ellos pensamos. Epictero.”
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sábado, 23 de mayo de 2015

Cambios en “Psicólogo Getafe AlfaCrisol”


Ha llegado la hora de dar un paso más en “Psicólogo Getafe AlfaCrisol” . “Cambios” Doy por cerrada una etapa, donde los objetivos que me propuse hace dos años se han cubierto y ahora creo que ha llegado la hora de trazar nuevas metas, involucrar a más personas en este proyecto personal y apasionante que es la Atención Psicológica. 



Quiero agradecer a todas las personas de mi entorno que me han ayudado a la consecución de mis objetivos,  así como a varios colaboradores, asociaciones y profesionales que han creído en mí y en mi trabajo.  



Ahora hablemos del futuro ………  Principalmente los cambios más importantes para la consecución de nuevos horizontes son:


  • Cambiamos la dirección de nuestra consulta a Av. General Palacios 10,  en  Getafe. 



  • Ampliamos nuestros servicios de Atención psicológica en colaboración con otra profesional especializada en Psicología Infantil y Educativa. Gabinete Emérita (Directora Begoña Rodriguez), ofreciendo en breve también servicios de logopedia.





Pero hay cosas que NO quiero ni debo cambiar,  los Objetivos, la Estrategia, la Visión & Misión y Los Valores de “Psicólogo Getafe AlfaCrisol”. Si te interesa puedes echarles un vistazo ….. http://www.alfacrisol.com/inicio/ideario-alfacrisol/





                


Si crees que podemos ayudarte o hay alguna posibilidad de colaboración, no dudes en contactar con nosotros.


“Psicólogo Getafe AlfaCrisol”
(Centro Sanitario Autorizado por la Comunidad de Madrid nº CS11889)



viernes, 8 de mayo de 2015

HIPOCONDRÍA (Trastorno de ansiedad por enfermedad)

La Hipocondría es un trastorno que actualmente se incluye en la categoría de los Trastornos Somatomorfos, y que se caracteriza por una preocupación excesiva y persistente por sufrir una enfermedad grave o mortal (sin que exista evidencia médica que lo sugiera). Las primeras descripciones de este trastorno se remontan a los tiempos de Hipócrates, cuya escuela atribuía su particular sintomatología a una alteración de los humores de la región del hipocondrio (estructura que anatómicamente se localiza en la parte interna de las costillas).


Las manifestaciones clínicas de este trastorno han sido objeto de cierta polémica, ya que muchos profesionales de la psicopatología inciden en que la clínica habitualmente observada podría subsumirse en la categoría general de los Trastornos de Ansiedad, mientras que otros acentúan sus aspectos más fisiológicos para incardinarlo en los síndromes somatomorfos (junto a la conversión o el trastorno dismórfico corporal). Esencialmente, la persona que padece hipocondría experimenta una gran ansiedad asociada al temor de sufrir una enfermedad grave o mortal, lo que a menudo la lleva a peregrinar a través de las distintas unidades sanitarias de los servicios hospitalarios (doctor shopping) tratando de obtener un diagnóstico que atenúe su malestar. A pesar de que el paciente llega a exponerse a procedimientos exploratorios intensos (y a veces muy invasivos), todos los diagnósticos negativos que llega a recibir no consiguen aliviar su miedo y acaban perpetuando la búsqueda de una segunda opinión médica que confirme sus sospechas sobre el estado de salud.

Una diferencia sustancial respecto a los trastornos facticios (en los que la persona finge deliberadamente estar sufriendo una enfermedad grave por los beneficios secundarios que pudieran asociarse a ésta) es que la respuesta ante el diagnóstico (no sufrir enfermedad grave) difiere notablemente: mientras que las personas con trastorno facticio pueden sentirse molestas o indignadas, quienes sufren hipocondría manifiestan un incremento notable de su ansiedad y una sensación generalizada de que los procedimientos que se han llevado a cabo para la evaluación de los síntomas no ha sido todo lo precisa que debiera. En todo caso, permanece una ansiedad flotante que orbita en torno a un empeoramiento progresivo del estado de salud y las posibles consecuencias que de ello pudieran desprenderse.

Una exploración minuciosa de la experiencia interna de los pacientes con hipocondría hace explícita una especial sensibilidad a los procesos fisiológicos básicos del organismo, junto a una interpretación negativa de los mismos. De este modo, funciones como el peristaltismo intestinal, el ritmo cardíaco u otras; pueden interpretarse de un modo anormal, llegando la persona a sospechar que están produciéndose patologías cuya naturaleza pudiera comprometer la integridad de la propia vida. Ocurre en este contexto una hipervigilancia constante del estado de salud, que lleva a la persona a una preocupación excesiva que habitualmente se traduce en una alteración de los ritmos fisiológicos, lo que suele interpretarse como una exacerbación de la enfermedad sospechada. Ocurre habitualmente que la hiponcondría emerge en el contexto de ciertos trastornos de ansiedad (muy especialmente el Trastorno de Ansiedad Generalizada, cuya principal expresión obedece a una preocupación constante por un amplio abanico de circunstancias/situaciones cotidianas), lo que obliga a menudo a realizar exploraciones psicométricas minuciosas que permitan obtener un panorama preciso de la situación.

Además de los propios procesos internos del organismo, la persona también tiende a interpretar de forma negativa otras manifestaciones físicas normales (lunares, asimetrías anatómicas, cefaleas, etc.). Cuando emerge la preocupación por los síntomas, es habitual que quienes padecen hipocondría utilicen una gran diversidad de métodos (especialmente los buscadores de Internet) para obtener información sobre un posible diagnóstico. Debido a que habitualmente la información que podemos encontrar a través de estos medios no procede de fuentes fiables, es posible que sólo se consiga aumentar la ansiedad y acceder de nuevo a una dinámica de preocupación acentuada. Es frecuente también que, junto a la solicitud de opinión facultativa, las personas centren gran parte de sus conversaciones con los demás en su estado de salud y busquen en su entorno social una confirmación de los correlatos físicos que observan en sí mismos (pérdida o ganancia de peso, palidez, etc.). Debido a que la persona dedica mucho tiempo a autoexplorarse y a hablar sobre la cuestión, quienes conviven con ella tienden también a preocuparse por su salud y a menudo la acompañan a las consultas con los diferentes profesionales sanitarios. Las sospechas sobre la salud pueden llegar a ocupar un papel central no sólo en la persona con hipocondría, sino también en su entorno familiar y social próximo, dominando los temas de conversación y convirtiéndose en una preocupación generalizada.

La persona con hipocondría, además, tiende a anticipar constantemente las posibles consecuencias de la enfermedad sospechada (proyección hacia el futuro). En casos graves, incluso se ha observado un grado de convicción tan firme que la persona redacta el contenido del testamento vital en previsión de una muerte inminente. En todo caso, la anticipación se manifiesta de muchas formas: preocupación por las consecuencias familiares asociadas al declive de la salud, sueños con contenidos asociados al empeoramiento físico, recreación en la imaginación de escenas específicas en las que el médico confirma la presencia de una patología, etc. En aquellos casos en los que la persona cree estar sufriendo una enfermedad coronaria puede concurrir un importante temor a que se desencadene un episodio cardíaco espontáneo, lo que puede llegar a limitar a la persona en muchas áreas (laboral, académica, etc.). Este aislamiento autoimpuesto es extensible a la preocupación por otras enfermedades que impliquen episodios agudos que constituyan emergencias sanitarias (miedo de padecer enfermedades neurológicas, digestivas, etc.).

Una característica esencial de quienes padecen hipocondría es la existencia de un conflicto interno entre la aproximación y la evitación de la enfermedad física. Por un lado, necesitan comprobar continuamente que no existen alteraciones en la estructura o función de su organismo, pero por otra parte esta búsqueda incesante incrementa su ansiedad. Así pues, no es extraño que con las repetidas autovaloraciones se perciban señales subjetivas de que algo no funciona como debería (fruto de una interpretación errónea de los síntomas), lo que estimula una intensificación de los procesos exploratorios del propio cuerpo en un ciclo que tiende a perpetuarse. Con el paso del tiempo, si la persona no recibe atención específica para su hipocondría, la autoexploración ocupa gran parte del tiempo e interfiere notablemente en otras actividades cotidianas (como los estudios, el trabajo o el cuidado de la familia). Además, las visitas constantes a especialistas médicos suponen un gasto sanitario importante (algunos países han diseñado estudios dirigidos a calcular el impacto económico de este trastorno en el sistema sanitario), por lo que el abordaje clínico del trastorno reviste también cierto interés a nivel de gestión de los recursos estatales.

Ciertos estudios sobre la hipocondría también destacan su interferencia en la calidad de las relaciones sociales. Es bien sabido que la preocupación excesiva por el estado de la salud puede conducir a cierto aislamiento social que acaba por deteriorar el vínculo con familiares y amigos. No es difícil que la persona que padece hipocondría se sienta incomprendida por los demás, tanto profesionales sanitarios como miembros de la familia. La firme convicción de que se está sufriendo un proceso patológico (que se traduce en preguntas persistentes sobre el aspecto físico, p.e.) impacta frontalmente con la opinión de las personas significativas y el equipo sanitario, que insisten en que no existe un problema con base real. De este modo, es muy posible que finalmente la persona con hipocondría acabe por reconocer que sus creencias sobre la salud difieren sustancialmente de la realidad (debido a las múltiples y sucesivas pruebas que contradicen sus temores) pero aún así persiste la incapacidad para detener la preocupación y el flujo constante de pensamiento en torno a la cuestión. En este contexto, es frecuente una percepción de pérdida de control sobre la propia vida emocional que conlleva una situación de indefensión y resignación que eleva la ansiedad.

Al principio del texto indicábamos que muchos autores consideraban que la hipocondría podría incluirse en el grupo de los Trastornos de Ansiedad, y si esto es así se debe, sin duda, a la elevada comorbilidad de este trastorno con alteraciones ansiosas. Por una parte, se observa que la ansiedad flotante y persistente (poco definida) que acompaña a la hipocondría puede traducirse eventualmente en un ataque de pánico. Los ataques de pánico se caracterizan por una hiperactividad elevadísima del sistema nervioso autónomo (sudoración, taquicardia, temblores, mareos, visión borrosa, esfuerzo respiratorio, etc.), que habitualmente puede confundirse con patologías cardíacas. Cuando concurren ataques de pánico en una persona con hipocondría es relativamente sencillo que éstos puedan atribuirse a enfermedades latentes y acaben por confirmar los temores que precisamente condujeron a su aparición. Así pues, los ataques de pánico tienden a hacerse más frecuentes, a inhibir sensiblemente las relaciones sociales y, en los casos más graves, desencadenar un trastorno de angustia que merme sustancialmente la calidad de vida y ejerza un efecto sinérgico sobre la hipocondría original.

Otra cuestión importante es que todo especialista clínico debe esbozar un buen diagnóstico diferencial respecto al Trastorno de Ansiedad Generalizada y la Hipocondría. En el primero de estos trastornos, se construye un sistema de preocupaciones persistentes en torno a una gran variedad de cuestiones cotidianas (siendo la salud una más de ellas); mientras que en la hipocondría la preocupación se circunscribe al estado de salud y generalmente resulta mucho más intensa. Otro trastorno que es necesario diferenciar de la hipocondría es la conversión. En la conversión se observan auténticas alteraciones en el funcionamiento del cuerpo (motoras y/o sensoriales, tales como parálisis o alteraciones perceptivas) para las que no existe una base física que pudiera explicarlas, junto a cierta despreocupación por la sintomatología (conocida como belle indiference). En el caso de la hipocondría no se observan alteraciones físicas reales (sólo aquellas que la persona percibe a través de la interpretación errónea de señales físicas normales) y la preocupación por los síntomas percibidos puede llegar a ser de intensidad abrumadora.

Una vez se ha esbozado un diagnóstico preciso de la hipocondría es necesario articular un tratamiento personalizado que cubra todas las necesidades asistenciales del paciente. El abordaje especializado del trastorno reviste una importancia capital, puesto que de no llevarse a cabo puede complicarse la situación y extenderse a múltiples áreas de la vida cotidiana. Los tratamientos cognitivo-conductuales han demostrado ampliamente su eficacia para reducir la sintomatología y resolver exitosamente la situación, por lo que se hace recomendable solicitar la atención de un profesional de la Psicología.

“Psicólogo Getafe AlfaCrisol”
(Centro Sanitario Autorizado por la Comunidad de Madrid nº CS11889)











domingo, 26 de abril de 2015

Crisis Psicológica


En diferentes circunstancias de la vida, todos los seres humanos pasamos por momentos críticos donde parecen confluir los problemas y podemos llegar a sentirnos incapaces de solucionarlos. Puede ser producto de una serie de sucesos que llevan a enfrentar un estado de crisis emotiva, la cual, si no es resuelta adecuadamente, conlleva diversos riesgos, no solo de padecer graves problemas psicológicos sino que en ocasiones amenazan la estabilidad hasta generar desesperanza e idealización suicida. La intervención va desde los Primeros Auxilios Psicológicos, que pueden resultar tan importantes como la de un médico cuando procede a detener una hemorragia arterial y deja a posteriori, un tratamiento de recuperación de hemoglobina. Pero siempre debe orientarse al paciente a resolver sus problemas de fondo mediante un proceso terapéutico e incluso, cuando son creyentes en Dios, con la asesoría espiritual de un sacerdote.

Resultado de imagen de crisis psicologicas

Una crisis es un estado temporal de trastorno y des-organización, caracterizado básicamente por una incapacidad del sujeto para manejar (emocional y conceptualmente) situaciones particulares, utilizando métodos acostumbrados para la solución de problemas que le llevaban a lograr resultados importantes..

Resultado de imagen de crisis psicologicas

Una persona que atraviesa por un estado de crisis se encuentra en una etapa vitalmente clave para continuar el curso de su vida. No importa qué tipo de crisis sea, el evento es emocionalmente significativo e implica un cambio radical en su existencia. El individuo enfrenta un problema ante el cual sus recursos de adaptación, así como sus mecanismos de defensa usuales no funcionan. El problema rebasa sus capacidades de resolución y por lo mismo se encuentra en franco desequilibrio. Como resultado de todo esto la persona experimenta una mayor tensión y ansiedad, lo cual la inhabilita aún más para encontrar una solución.

Resultado de imagen de crisis psicologicas


La intervención llevada a cabo por profesionales de la "Psicólogo Getafe AlfaCrisol", puede ofrecer una ayuda inmediata para aquellas personas que atraviesan por una crisis y necesitan restablecer su equilibrio emocional.
Se trata, generalmente, de una terapia breve cuyo principal objetivo es dar apoyo ayudando a la persona en el preciso momento en que ésta lo requiere o solicita.

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“Psicólogo Getafe AlfaCrisol”
(Centro Sanitario Autorizado por la Comunidad de Madrid nº CS11889)